¡¡Los terribles dolores de Útero cuando menstruaba comenzaron a desvanecerse!!!!
En el contexto de la danza del vientre, a lo largo de los años, he observado que la enseñanza ha estado dominada en su mayoría por una energía masculina desarmonizada.
Esta energía se manifiesta a través de la competencia, el rigor y la sobreexigencia.
Los trajes brillantes y una mirada hegemónica hacia los cuerpos de las mujeres han creado un ambiente cruel y violento que, lamentablemente, está interiorizado en nosotras.
Aunque hemos despertado y estamos en un camino de transformación, debemos permanecer atentas.
El adiestramiento cultural patriarcal sigue intentando adormecer y dominar nuestros cuerpos, así como nuestra sexualidad y placer.
Personalmente, no fue fácil desarrollar mi sensualidad al bailar frente a otras personas. Las miradas, en muchas ocasiones, no eran amigables.
Las observaciones masculinas eran a menudo violentas y objetivantes, especialmente cuando se trataba de mis movimientos de caderas, pelvis y pechos y lo disfrutaba.
A menudo me reprimía, autocensurándome por miedo a lo que pudieran pensar y decir de mí.
Además, algunas miradas femeninas también reflejan una competencia interna y un juicio hacia los cuerpos de otras mujeres.
Esto sucede frecuentemente cuando observamos a otras disfrutando de su sensualidad y sexualidad. Esa conexión con nuestra propia sexualidad, que muchas veces venimos negando y reprimiendo, se traduce, en lugar de unirnos, en críticas hacia aquellas que se atreven a bailar, disfrutar, de sus cuerpos, ser ellas mismas.
Todo esto es un vestigio de la cultura patriarcal que hemos heredado.
Es crucial que sigamos trabajando para liberarnos de estas influencias y aprender a celebrar cada una de nuestras expresiones corporales.
“La violencia interiorizada que todas las mujeres tenemos”
Casilda Rodrigañez
Maurice Merleau- Ponty filósofo francés afirma “El espacio corporal no es algo neutro, sino que está cargado de valores o significaciones claras que deja traslucir inmediatamente o mejor dicho que “expresa.”
Con el tiempo, me di cuenta, que baila Danza del Vientre de una manera consciente, no se trataba de mostrar mi baile a los demás, ni de la ropa que llevaba puesta, sino por el hecho de hacerlo en sí mismo, de bailar y de compartirlo y bailar juntas con otras mujeres.
También me encontraba bailando y disfrutando sola, en casa, en la naturaleza, o en cualquier lugar donde sintiera la necesidad y el deseo de moverme.
Cualquier tema musical era y es motivo para hacer estos movimientos desde el Útero, ya no necesitaba una música específica, esos movimientos orgánicos, círculos, infinitos, golpes, vibraciones, espirales, hacían que poco a poco el Útero se expresara, dejara atrás su rigidez.
Tomé consciencia de que, al bailar con otras mujeres, ya sea en mis clases, o en grupos de danza, me conectaba con la energía femenina, con el ritual, con lo ancestral, con la red, con la tribu… Es curioso hay movimientos que no me gustan como se ven, pero me da mucho placer hacerlos, experimentar el placer al realizarlos, me llevó a comprender que no bailaba para nadie más; lo hacía para mí, por la conexión que se siente, por la energía que se respira y vibra.
Estar en ese momento, presente, en comunión entre mujeres, creando conexión corporal con el universo.
Hay una especie de fantasía o creencia de que las mujeres que bailamos danza del vientre lo hacemos para los hombres, si bien en algunos casos eso es cierto, esta danza milenaria proviene de las antiguas danzas pélvicas, (que celebraban la sexualidad y fertilidad)
En el pasado, las mujeres se reunían, lo hacían disfrutando de su corporalidad, sin la mirada de los hombres, compartir sus saberes, conocimientos, experiencias, mujeres medicina, mujeres conectadas con la naturaleza del cuerpo, con los ciclos de la tierra y sus propios ciclos.
Estas experiencias significativas, creaban un ambiente de confianza y complicidad, donde cada movimiento era un homenaje a la fuerza femenina.
Su conexión con la naturaleza y los ciclos de la tierra les permitía compartir saberes ancestrales que resonaban profundamente en cada parto, haciendo de ese momento una experiencia sagrada y transformadora.
Vanesa Chico Espacio en Movimiento